Cuánta timidez.
Hola en voz baja :).
Tengo un comportamiento recurrente que empecé a registrar recién hace unos años. Los escenarios pueden ser diferentes pero el hilo conductor es lo social. Una reunión con padres y madres del colegio de mis hijas. Una clase de entrenamiento con un grupo en una plaza. Un evento de trabajo en el que no tengo que ir por algo en específico sino más por networking. Lo que me pasa es que no sé bien cómo comportarme. En realidad, sí sé cómo comportarme pero lo que siento es una timidez enorme.
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Por ejemplo, empecé hace unos meses a tomar clases de entrenamiento de fuerza en el parque con un grupo reducido de personas. Ellos llegan, se saludan con un beso y se ponen a hablar. Cuando yo llego, ya el momento del saludo es algo que me cuesta, digo un “hola” con voz baja y me cuesta sostener la mirada. Suelo tener una actitud retraída, que muchas veces es leída como “ortiva” o “mala onda” cuando en realidad soy introvertida.
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Cuando digo que soy tímida a cualquier persona que me conoce recibo como respuesta: “¿vos tímida? ¡Qué vas a ser tímida, si te encanta hablar!”. Y es cierto, me encanta hablar, puedo subirme a un escenario y hablar frente a muchas personas pero a la vez me reconozco como una persona sumamente introvertida. ¿Cómo se podría explicar eso?
Lo que me da timidez no tiene que ver con ocupar un rol. Eso me sale muy bien. El problema aparece, justamente, cuando no sé qué rol ocupar. Cuando estoy “en modo docente” o “en modo filósofa” sé quién tengo que ser y cómo reaccionar. Y por eso puedo subirme a un escenario o dar una clase frente a muchas personas. Lo que no me sale es justamente lo contrario. Habitar esos espacios en los que simplemente tengo que ser yo. Ahí, muchas veces, siento que no tengo muchas cosas para decir y me agarra una timidez bárbara.
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Hacer de cuenta que las cosas no me dan vergüenza en eventos sociales me termina, muchas veces, agotando. Por eso, con el paso de los años, aprendí a ser prudente con mi batería social. Suelo ser de las que va un ratito a una fiesta y se va antes. O la que después de dos o tres horas ya prefiere emprender la vuelta y fantasea con meterse en la cama a leer un libro o ver una película. Sola.
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Mis hijas también son algo introvertidas. O en realidad, necesitan tiempo para entrar en confianza. Lo mismo que me pasa a mí les pasa a ellas, pero reconozco que a veces me molesta que sean así. Estamos en un cumpleaños y tardan un rato en entrar en confianza y largarse. O si hay alguna clase abierta en el colegio no van a ser de esas que levanten la mano y tengan voracidad por participar. Al revés, son las que cuando termina me dicen “yo hubiera dicho esto y esto”. ¿Y por qué no lo dijiste?, les pregunto. Porque me da vergüenza, me contestan. Las entiendo, sé cómo se siente estar en ese lugar y no encontrar las palabras justas.
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Lo que me pregunto es por qué eso se siente como una falla. Por qué cuando mis hijas no levantan la mano yo siento incomodidad, como si les faltara algo. Como si a mí me faltara algo también.
En algún momento aprendimos que ser extrovertidos es la norma y que todo lo demás es una versión disminuida de quién podríamos llegar a ser. Ser extrovertidos es algo que se valora socialmente y nos lo enseñan desde que somos chicos. Lo digo desde mi experiencia como maestra incluso, el alumno extrovertido es el que está bien visto frente al que es más tímido o tiene vergüenza de hablar frente a la clase. ¿Cuántas veces eso es leído como algo para mejorar por sus docentes?
Susan Cain rastrea en Quiet el momento exacto en que eso pasó. Cómo durante el siglo XX la extroversión se convirtió en un ideal cultural, en el modelo de empleado, de líder, de persona deseable. En una sociedad en la que ser extrovertido es visto como un logro, quienes somos tímidos podemos llegar a sentirnos fallados o con una falencia a mejorar.
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Hay una escena en la película Amélie que me gusta. Amélie no puede hablarle al chico que le gusta. Está en la misma cafetería, él está ahí, y ella se disuelve. Literalmente la cámara la muestra convirtiéndose en un charco de agua. Cómo la entiendo, ¿quién no siente muchas veces hundirse en un charco de agua mientras se expone frente a otros? Sin embargo, Amelie es así. Su mundo interior es tan grande que ella no se hunde para siempre en ese charco sino que puede conocerlo igual y seguir adelante.
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Pienso en lugares que me reconfortan frente a mi timidez y funcionan como lugar seguro. Las personas que ya me conocen y con las que me siento en confianza. Qué lindo es sentir que no hay que hacer un esfuerzo extra para agradar o relacionarse. Mis espacios: mi computadora y los auriculares, trabajar tranquila y concentrarme en silencio.
Conocerse tiene que ver con aceptar también quienes somos. Y, por eso, a veces soy ese aparato que no sabe cómo reaccionar con gente que no conoce tanto en entornos sociales. Confieso que ahora me río al verme a mí misma no saber cómo reaccionar frente a estas situaciones. Ya voy a lograrlo, me digo. O no, porque cuánta timidez.
Queridos mapadres y cuidadores:
¿Cómo están? Acá en Buenos Aires, mientras escribo esto, llueve bastante así que a mí no me quedó otra que tomar café (¡dos esta vez!) y abrigarme de más. Si esta es la señal de que se acerca el otoño, lo acepto con ganas.
Sobre ser introvertidos y un poco tímidos, les recomiendo esta charla Ted de Susan Cain sobre “El poder de los introvertidos”.
¿Ustedes cómo son? ¿Tímidos, extrovertidos, punto medio? Cuéntenme.
Este sábado que pasó tuvimos función con localidades agotadas en Café Berlín y recibí este mensaje:
Este sábado 11/4 voy a estar con el unipersonal por primera vez en Mar del Plata. Si estás por ahí, o cerca, me encantaría que vengas
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Gracias por estar del otro lado, leyendo, viniendo, escribiendo.
De verdad.
Ah, una cosa que no me quiero olvidar de compartir. La semana pasada me llamaron de un podcast que me gusta mucho, que se llama La Fórmula, y me hicieron una entrevista que me encantó porque fuimos por lugares muy diferentes a los que voy siempre. Pude conversar y reflexionar de manera genuina y siento que es una charla de esas que valen la pena escuchar. Acá se las comparto:
Si hay algo en particular sobre lo que quieran que escriba, solo tienen que responder este mail o dejar su preocupación acá.
Creo que eso es todo por hoy.
Nos vemos en la próxima entrega.
¡Les mando un súper abrazo!
Flor Sichel.
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me encanta como encarás temas sencillos, de manera simple pero profunda y por momentos logras originalidad. Me gusta seguirte.
Todo la lectura del correo asintiendo, yo soy así tal cual... y mi hija salió igualita a mi... lo que le cuesta largarse en situaciones sociales es muchísimos, y muchas veces siento que hay algo mal con ella... hasta que me acuerdo que yo era igual... y sobrevivi jaja